viernes, 1 de junio de 2007

Estudian el avance de la desertificación en Argentina






En 1994 la Organización de Naciones Unidas (ONU) creó la Convención de Lucha contra la Desertificación, la que fue suscrita por más de 170 países, entre ellos Argentina. Esta institución previó la coordinación de políticas internacionales, así como el desarrollo de planes regionales y nacionales de lucha contra esta problemática cada vez más extendida por el globo.
En este marco y con asiento en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, se comenzó a trabajar en 1995 en el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAN). Distintas instituciones, públicas y privadas, entre las que se halla el Centro de Relevamiento y Evaluación de Recursos Agrícolas y Naturales (CREAN) de la UNC, trabajan para el desarrollo de indicadores que permitan elaborar un diagnóstico de situación, una de las resposabilidades asumidas por Argentina como país signatario de la convención. Al mismo tiempo, se trabaja en la región de América Latina y el Caribe para la elaboración de indicadores propios de la zona.
Contrario al imaginario del común de la gente, el 75 por ciento del territorio nacional corresponde a tierras áridas y semiáridas con una elevada tendencia a la desertificación. Según datos brindados por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, en los últimos 75 años Argentina vio reducida su superficie forestal natural en un 66 por ciento, como consecuencia del desmonte y la extensión de las áreas de cultivo.
El estudio diagnóstico en desarrollo permitirá establecer a ciencia cierta “cuál es el estado actual y cuál fue la tendencia en el pasado, para establecer luego los mecanismos para paliar la problemática”, explicó a Hoy la Universidad el doctor Andrés Ravelo, director del CREAN.
¿Qué es la desertificación?
Según la convención de Naciones Unidas la desertificación es la degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultantes de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas. “Se trata de un fenómeno complejo en el cual hay un deterioro del ambiente en términos de biodiversidad, socioeconómicos y de suelo”, apunta Ravelo y prosigue: “Constituye una especie de hipoteca del recurso natural. Una vez que el suelo fértil desapareció tarda miles de años en recuperarse, lo mismo ocurre con la cubierta vegetal”.
América, África y Asia son los continentes más amenazados por este fenómeno que duplicó su ritmo desde 1970. Los datos brindados recientemente por Naciones Unidas indican que desde mediados de la década del noventa hasta el 2000, alrededor de 3.500 kilómetros cuadrados se convierten en desierto cada año